Más allá de la pared verde

lunes 25 abril, 2022

From issue: Cross Country en Español 67 – Mayo 2022

La construcción de un nuevo aeropuerto internacional acabará pronto con el parapente en Pokhara – pero hay más lugares para volar en Nepal. Por Vitek Ludvik. Fotografías: Vitek Ludvik y Olivier Laugero 

Cuado se habla de volar en Nepal, lo primero que viene a la mente es Pokhara. La segunda ciudad más grande de Nepal es el centro del turismo de aventura en el país y ello incluye parapente y deportes aéreos.

El parapente empezó allí en la década de 1990 y los primeros vuelos comerciales en biplaza empezaron alrededor de 2001. Los pilotos de biplaza – en los últimos años en su mayoría nepalíes – vuelan a turistas todo el día desde Sarangkot, la montaña de 1450m sobre la ciudad.

 La experiencia, con una vista del macizo del Annapurna de 8000m detrás y el lago al frente ha hecho de los vuelos biplazas una de las principales actividades de los turistas. Antes del Covid, había 69 operadoras comerciales de biplaza, así como tres de ultraligeros y una de globos aerostáticos. En total, la industria le da empleo a 1200 personas y aporta unos $8 millones anuales a la economía local. 

Sin embargo, todo está a punto de terminar este año con la inauguración de un nuevo aeropuerto internacional. El aeropuerto existente ya opera a máxima capacidad con 40 vuelos locales diarios y el nuevo permitirá aumentar esa capacidad para incluir vuelos internacionales a China, India, el Golfo y Malasia. 

A pesar de los retrasos en el proyecto de $215 millones financiado por China por el Covid y las protestas de los pilotos y asociaciones turísticas, “Los días de Pokhara como centro de deportes de vuelo están contados”, según el Nepali Times. 

La pista de 2500m está orientada este/oeste (la del antiguo aeropuerto está al N/S) y los vuelos salientes volarán sobre la ciudad y el Sarangkot, “por lo que será imposible que los parapentes vuelen allí”.

 

Adiós Sarangkot

Para descubrir las posibilidades para volar parapente cerca de Pokhara en el futuro, viajé hace poco a la ciudad con mi viejo amigo Olivier Laugero. Queríamos aprovechar la última oportunidad de volar en Sarangkot y explorar otras zonas y valles cercanos.  

Llegué a finales de noviembre, a principios de invierno, pero todavía se vuela. Pokhara está a apenas 130km de la capital Kathmandú por tierra, pero es un viaje de todo un día en un autobús que serpentea a lo largo del valle del río Trisuli. 

Conocí a Olivier en Pokhara. Él ya conocía la ciudad y la zona de vuelo y había estado desde hacía unos días. La primera mañana, ajusté mi nuevo arnés de paramontañismo y empecé a subir. Esperamos en el enorme despegue hierba a que llegaran los buitres mientras conversábamos con los locales y otros pilotos turistas. Mientras que en otra época habría habido una multitud de pilotos extranjeros en el despegue, ese día solo había siete: cuatro británicos, dos franceses y yo, un checo.

Despegamos después de los biplazas que nos mostraban el camino y empezamos a girar térmicas, remontando rápidamente junto a los buitres y dejando a los biplazas abajo. No tardamos en cruzar el primer valle y conectar con las laderas boscosas, en particular con la Pared Verde. Desde una cresta contigua, empezamos a acercarnos al Machapuchare, la montaña de 6993m en forma de aleta de pescado e ícono de Pokhara. 

Más abajo, los ríos serpenteaban debajo de las paredes empinadas de los valles, casi imperceptibles desde nuestra altura. Cuando nos acercamos a las montañas grandes, no había dónde aterrizar, solo bosques y valles profundos. Pero las térmicas funcionaban bien y después de cuatro horas explorando el hermoso paisaje al norte de Pokhara, regresamos al lago, aterrizamos en la orilla y, emocionados por el vuelo, fuimos a uno de los tantos restaurantes para turistas mientras veíamos a perros callejeros jugar en la orilla. ¡Qué lugar!

 

Aventura en Manaslu

Después de unos días de mal clima y una visita al Parque Nacional Chitwan para ver aves, rinocerontes y un leopardo, la siguiente misión era clara: visitar a nuestro amigo Sano Babu Sunuwar, la estrella del parapente nepalí.

Babu, el primer nepalí en despegar desde la cumbre del Everest el 21 de mayo de 2011 con Lakpa Tsheri Sherpa de pasajero, ahora tiene una agencia de viaje de aventura en Pokhara pero vive fuera de la ciudad. Lo conocimos en la Red Bull X-Alps en 2013 y habíamos prometido visitarlo. 

Finalmente estábamos ahí. Nos encontramos en su agencia en el centro de Pokhara donde ofrece expediciones de parapente, senderismo y kayak y fue como si no hubiéramos visto la semana anterior. Animado, lleno de energía y sin miedo a la aventura, nos montamos en su jeep Mahindra y fuimos al pueblo de Udipur, a menos de 100km pero un viaje de todo un día. En el camino, nos detuvimos a tomar té en el despacho de un funcionario local que nos emitió visas especiales para volar en el parque nacional Manaslu.

Pasamos la noche y nos montamos en un 4×4 mas rústico y rebotamos por una carretera de tierra durante tres horas. Hasta hace unos años, era simplemente un sendero. La ruta nos llevó por el valle Tsum y el viaje finalmente terminó en una plaza pequeña en un pueblo de montaña donde casi no había espacio para que el auto diera la vuelta. 

Allí, Babu organizó porteadores y empezamos a andar inmediatamente, directamente montaña arriba por los campos en terrazas. Me alegró ver mi mochila de 25kg de lejos ese día y no me arrepentí de haber contratado porteadores, a quienes apenas lográbamos seguirles el paso.

La caminata hasta el campamento tomó todo el día debido a que subimos 1700m por un bosque de caducifolios hermoso antes de llegar a una cresta de hierba. Armamos campamento antes del anochecer junto a una cabaña de pastores. En verano, hay hierba verde por todos lados, pero en invierno es mucho más seco. Acampamos en el único lugar plano de la ladera empinada de hierba. También era el único lugar que parecía posible aterrizar.

Nos metimos en los sacos de dormir apenas se hizo de noche. Mientras tanto, los porteadores se apiñaron junto a la fogata. Babu dijo que les había dicho que trajeran cobijas antes de irse, pero aparentemente se rieron y dijeron que eran locales y no necesitaban consejo. Ahora quizás se hayan arrepentido un poco. Babu y su pasajero durmieron envueltos dentro del biplaza que habían traído.

Temprano en la mañana, los porteadores llevaron las mochilas 400m más arriba y aparecieron de bajada para que les pagáramos y desaparecieron por el sendero. Llegamos hasta donde estaban las mochilas y esperamos a que aparecieran los primeros buitres. 

Un kilómetro más abajo, el valle estaba cubierto por una nube espesa mientras que unos cirros se movían lentamente sobre nosotros. No escogimos el mejor día para volar. Sin embargo, los buitres aparecieron a eso de las 11am, así que despegamos e intentamos seguirlos. 

Cargados con todo el equipo para acampar y con térmicas suaves, nos llevó media hora subir cien metros sobre el despegue. Afortunadamente, mientras más subimos, mejor funcionaba así que durante unas horas sobrevolamos la cresta que se conecta al macizo de Manaslu a 8163m, la octava montaña más alta del mundo. Volar sobre una capa de nubes con vista a montañas de 8000m fue una experiencia impactante, a pesar de no haber podido subir a más de 4500m. Fue tan impactante que casi se nos olvidó que no había aterrizajes. 

Las térmicas se apagaron en un segundo. Al principio pensaba que me había perdido una, pero mientras buscaba y seguía perdiendo altura me di cuenta que se habían acabado. Para no desaparecer dentro del valle, tuvimos que reaccionar inmediatamente y nos alegramos cuando finalmente aterrizamos. Yo aterricé en el campamento, mientras que Olivier aterrizó 400m más arriba. Nos encontramos después y acampamos en la cresta con una vista impresionante del Himalaya principal. La previsión para el día siguiente prometía mejorar. Esperábamos poder volar por las montañas gigantescas antes de bajar al valle porque había previsión de nieve más adelante. La mañana siguiente, habían desaparecido los cirros pero seguía la nube espesa abajo de nosotros. Las condiciones de vuelo no habían mejorado. No aparecieron ni buitres ni águilas ese día. De hecho, tuvimos suerte de haber despegado porque había viento de cola. 

Una vez en vuelo, volamos directo al valle siguiendo la cresta más alta. Durante el planeo de 40 minutos encontramos algunas burbujas y vimos un par de águilas girando térmicas, pero no nos salvaron de hundirnos.

 

Rainaskot

De regreso a Pokhara visitamos una zona de vuelo nueva cerca del histórico pueblo de montaña de Rainaskot. Hasta hace unos años, solo había un camino de cabras, así que nos alegró ver la carretera fangosa que nos llevó hasta la casa del dueño del despegue, Judha Dai. 

Judha está ocupado construyendo un buen lugar para todos en Rainaskot. La ubicación es simplemente impresionante y no hay nada que obstruya la vista del Himalaya de oeste a este. Se puede despegar con dos direcciones de viento diferentes y es fácil aterrizar en el. Y si no funciona, el aterrizaje 1000m más abajo es enorme. El regreso al despegue se hace en un autobús que sube varias veces al día. 

 

Sirkot

De regreso a Pokhara, pasamos la noche y seguimos al pueblo de Sirkot a menos de 80km al suroeste de la ciudad. Es aquí donde vive Babu y desarrolló su propia zona de vuelo con cabañas para los pilotos y todo tipo de servicios, incluyendo transporte.

La vista durante el desayuno no tiene precio. A la izquierda están el Dhaulagiri (8167m), Annapurna (8091m), Machapuchare, Manaslu; y detrás, al fondo a la derecha está el mismo Everest, Sagarmatha, La frente del cielo, Chomolungma, Madre del universo (8848m).

Y en cuanto al vuelo, pues el vuelo simplemente es genial. Hay que caminar diez minutos al despegue y es fácil ver si funciona gracias a los buitres, Volar con ellos en este lugar fue definitivamente una de las experiencias más impactantes que tuvimos en Nepal, con buitres y águilas que nos escoltaban por el cielo como guardaespaldas. Volaban sobre las velas unos diez minutos, surfeando el borde de ataque y miraban hacia abajo, curiosos. Pasamos cinco días ahí y aprovechamos al máximo.

 

La aventura final

Cuando regresamos a Pokhara, contratamos un 4×4 y volvimos al día siguiente a las montañas. La previsión no era ideal, pero había un día que prometía para volar en las colinas altas: techo de 2000m, pero despejado y poco viento. 

Era una ventana de un día: si no volábamos, tendríamos que bajar a pie. El plan era subir a pie alto, despegar e intentar volar hacia el Machapuchare y las montañas altas.

Seguimos un sendero famoso, pero tranquilo, hacia las colinas. Los porteadores llevaron las mochilas hasta 3500m donde pasamos la noche, pero en la mañana subimos 500m más hasta 4000m sin ellos. Un purgatorio, pero la vista valió la pena.

El clima estaba hermoso, así que no había que retrasarse. Más abajo, las nubes empezaron a espesarse como previsto, pero el despegue era ideal. Hierba seca justo debajo del límite de nieve sin piedras y algunos ciclos. 

Pero desde los primeros segundos, nos costó mantenernos en el aire con térmicas flojas. Volamos junto a la colina dos horas y solo subimos 400m. Cada vez que intentaba tomar una foto, perdía diez preciados metros, así que me aferré a los frenos y rasgué sin parar. 

Al menos intentamos acercarnos al gigante, pero después de dos horas quedó claro que no volaríamos más alto. Decidimos bajar volando al valle que estaba nublado.

Olivier se fue primero, 100m más alto que yo, y lo seguí después. Vi cómo se sumergió en el mar de nubes delante de mí. Fue una sensación extraña volar sobre terreno completamente desconocido, completamente escondido debajo de las nubes, sabiendo que no había dónde aterrizar.

Justo antes de desaparecer dentro de la nube, revisé la brújula. Poco después, empezó a escurrir agua por las líneas. Al mismo tiempo, Olivier dijo por radio que estaba debajo de las nubes y que había llegado sin problema a las colinas donde habíamos volado antes y que estaba funcionando. 

Salí del otro lado de la nube a un mundo completamente diferente. No estaba soleado, pero las térmicas estaban funcionando sobre las colinas e incluso se estaba despejando hacia Pokhara. Volamos dos horas más y aterrizamos junto al lago. A pesar de no haber logrado remontar más alto en las montañas, el vuelo estuvo espectacular y no faltaron los momentos dramáticos. 

Pasamos los últimos días volando cerca de Pokhara. Las térmicas se fueron debilitando y no había techo para volar distancia, pero no nos importó porque habíamos disfrutado del mes.

Me alegra haber ido a Nepal y haber volado en Pokhara, así como también haber viajado a zonas de vuelo cercanas menos conocidas. Por lo que vimos, los principiantes con espíritu aventurero y pilotos experimentados que quieran volar distancia todavía tienen bastante espacio para volar en Nepal en el futuro. Ya estoy ansioso que llegue el otoño para volver. 

Más información y requisitos para volar en Nepal en babuadventure.com

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